“Nosotros les entrenamos para que peguen más fuerte.”
Lo dijo un coach entre risas, hablando de antidisturbios.
A mí no me hizo ni puta gracia.
Pensé en mi hermana. Pensé en Plaça Catalunya.
Y entendí algo incómodo: un negocio puede ser neutral. Yo no.
Ese día decidí que, si algún día montaba mi propio centro, no sería un espacio neutro.
VIDA POLITIZADA
En mi familia nunca nos faltó lo importante.
Somos hijos de la migración interior: extremeños y andaluces que prosperaron en Catalunya con trabajo duro y humildad. En casa siempre se vivió acorde (o por debajo) de nuestras posibilidades. Nada de lujos. Mucha tranquilidad.
Pero también mucha memoria.
Mi abuela fue huérfana de guerra. Su padre, republicano, fue encarcelado y asesinado. La adoptaron familiares del bando franquista. Nunca hablaba de política, pero el silencio señala.
En casa de mis padres, en cambio, la política era sobremesa. No militábamos, pero había conciencia de clase.
No orgullo.
Conciencia.
Y aprendí dos cosas:
- Que el trabajo es para vivir, no al revés.
- Que romantizar la precariedad es tan peligroso como romantizar el poder.
Y entre esa herencia y el hip hop que me atravesó en la adolescencia, entendí que la neutralidad casi siempre beneficia al statu quo.
Con el 15M esa conciencia latente se convirtió en acción. No acampé, pero asistí a asambleas. Observaba. Escuchaba. Aprendía.
Hasta que llegó el desalojo de Plaça Catalunya. Recuerdo las imágenes. La violencia. La rabia. La impotencia.
Y recuerdo que mi hermana estaba allí. Por suerte salió ilesa. Pero esa mezcla de miedo y rabia no se me olvidó.
Un año después yo entrenaba, sin saberlo, codo a codo con antidisturbios. Cuando el coach soltó la broma de que “los entrenamos para pegar más fuerte”, no pude evitar imaginar un escenario absurdo pero posible: que uno de mis compañeros hubiera podido golpear a mi hermana por manifestarse pacíficamente.
Ahí entendí que el deporte tampoco es neutro. Al menos el que a mi me representa.
Fue entonces cuando decidí que si algún día abría mi propio centro de entrenamiento, NO les haría descuentos a los policías.
Lógicamente no les iba a prohibir el paso ni mucho menos pero tampoco les iba a facilitar la entrada, lo cual, era y sigue siendo una práctica habitual en muchos negocios, especialmente en los gimnasios y box de CrossFit.
Los meses pasaban y yo seguía entrenando y formándome. Además de las clases de Crossfit empecé halterofilia pura y dura en otro centro y ahí, el propietario, dijo otra de esas frases que me marcaron:
“yo con mis clientes nunca hablo ni de futbol, ni de religión ni de política”.
No lo entendía.
En primer lugar porque das por hecho que no vas a poder debatir con educación de cualquier tema y en segundo lugar por permitir según que comentarios en tu gimnasio, solo por el miedo a perder un cliente.
Eso de que “el cliente siempre tiene la razón” es un mito que ha hecho mucho daño.
Al cliente hay que escucharlo y tenerlo en cuenta pero no puedes hacerle caso en todo ni mucho menos a todos.
Intentar gustar a todo el mundo es un fracaso anticipado.
Además, yo tenia claro que si abría un centro de entrenamiento lo consideraría mi casa y en mi casa no todo vale.
Desde entonces lo tengo claro:
No uso mi negocio para dar lecciones. Lo uso para marcar límites.
No me posiciono en todo pero cuando lo hago, es porque afecta a mi comunidad, a derechos básicos o a la coherencia interna del proyecto.
Y eso tiene coste.
Pero también tiene recompensa.
Y de eso va este artículo.
CÓMO NOS POSICIONAMOS
Posicionarse no es poner una bandera en Instagram.
Es asumir las consecuencias de lo que comunicas.
Y en nuestro caso, la praxis se articula en tres capas: decoración, relato y acción.
DECORACIÓN — Lo que ves al entrar
Nada más entrar en WODS o CREMA ya entiendes que no son espacios neutros.
Banderas de Palestina, LGTBIQ+, antifascista, feminista, llibertat presos polítics. Carteles que recuerdan que aquí no se toleran actitudes machistas, racistas, homófobas o fascistas.
Posters que cuestionan discursos de odio.
No es solo estética.
Es contexto.
La decoración no es un adorno, es una frontera simbólica.
Sirve para que quien entre sepa dónde está y qué no está permitido.
Es más disuasorio que reactivo.
RELATO — Lo que decimos explícitamente
Después de lo visual, viene la palabra.
Nos posicionamos en nuestra web y redes sin ambigüedades.
No hacemos copy únicamente para vender. También comunicamos para filtrar.
No buscamos atraer a todo el mundo, buscamos atraer a quien encaje.
Y si alguien siente rechazo al leernos, probablemente ese rechazo sea una buena noticia. Porque la comunidad no se construye acumulando personas, sino alineando valores.
ACCIÓN — Lo que hacemos
La coherencia no se demuestra con discursos, sino con decisiones.
Algunos ejemplos concretos:
- No hacemos descuentos a policías ni cuerpos del Estado.
- Ofrecemos becas a socixs en situación vulnerable y a menores no acompañados.
- Mantenemos un punto fijo de recogida de ropa para una organización benéfica. Buscamos diversidad real en staff y comunidad.
- Tenemos clases de lucha exclusivas para mujeres.
- Pedimos la opinión frecuentemente a nuestra comunidad mediante encuestas internas.
No siempre es rentable.
Pero siempre es coherente.
PRINCIPIOS ACTIBUSINESS
Con el tiempo he entendido que no se trata de estar opinando sobre todo.
Se trata de tener reglas claras:
- No uso el negocio para humillar a nadie; lo uso para marcar límites.
- No me posiciono en todo, solo en lo que afecta a mi comunidad o a derechos básicos.
- No busco gustar a todos; busco coherencia.
- Prefiero perder clientes antes que perder identidad. Si me equivoco o cambio de opinión, lo digo.
Mis proyectos no son estáticos.
Evolucionan conmigo y con las personas que los forman.
Neutralidad no es ausencia de política sino comodidad.
Pero para mi, traicionar mis principios, nunca será una zona de confort.
Posicionarse no te hace mejor persona, solo te obliga a ser consistente, a cuestionarte todo y revisarte más a menudo.
PROS Y CONTRAS DE POSICIONARTE
Posicionarme en mis proyectos no es (solo) una estrategia de marketing.
Es una necesidad vital.
Expresarme, compartir lo que soy y en lo que creo, intentar ayudar o inspirar a otras personas… eso es lo que me mueve. Lo que me excita.
Pero también es algo profundamente personal.
Y como todo lo personal, tiene un precio.
CONTRAS
Crecimiento más lento
Cuando te posicionas, renuncias automáticamente a gustarle a todo el mundo. No vas a ser mainstream. Tu crecimiento suele ser más lento y limitado. Si tienes paciencia, puede merecer la pena. Si necesitas resultados rápidos o tienes urgencias económicas, probablemente no sea la mejor estrategia, al menos en proyectos físicos. En internet es distinto: polarizar puede generar visibilidad y crecimiento rápido. En negocios de barrio, en cambio, el impacto es más directo y tangible.
Dificultad para escalar
Cuanto más personal y específica es una marca, más difícil es replicarla.
Si tus proyectos son una extensión de tu personalidad, es complicado garantizar que esa identidad se mantenga a 15, 50 o 200 kilómetros de distancia.
Cuantas más etiquetas y valores tiene una marca, más supervisión requiere.
Y si ya es difícil mantener la coherencia estando presente, imagina hacerlo desde lejos.
Por eso hace años descarté replicar WODS fuera de mi barrio.
Es más difícil encontrar personal
Lo ideal sería encontrar profesionales que, además de ser buenos en su trabajo, compartieran una conciencia política similar.
Pero si a eso le sumas que sean buenas personas, que estén disponibles justo cuando los necesitas y puedes ofrecerles condiciones razonables… la ecuación se vuelve casi imposible.
Así que en este aspecto soy pragmático:
no necesito que piensen exactamente como yo, pero sí que no se sientan incómodos con los valores del proyecto.
Aun así, a veces se cuela alguien que no encaja.
Hay personas capaces de separar completamente ideología y trabajo.
A días que incluso envidio esa facilidad o falta de escrúpulos.
Riesgo de cámara de eco
Otro riesgo es que tu negocio se convierta en una cámara de eco donde todo el mundo piense igual.
Personalmente no tengo esa sensación.
En nuestros espacios hay más diversidad de opiniones de la que podría parecer desde fuera.
La diferencia es que existen líneas rojas claras: los derechos humanos.
Dentro de ese marco, el debate siempre es bienvenido.
Pero soy consciente del riesgo y prefiero asumirlo.
Todo esto forma parte del precio de posicionarte.
Pero también hay beneficios.
PROS
Una comunidad más fuerte
Quizá creces más despacio, pero creces con personas que se identifican con lo que haces.
Tus usuarios dejan de verte solo como un negocio.
Empiezan a sentir el proyecto como algo suyo.
Y cuando llegan los momentos difíciles, esa diferencia se nota.
Un espacio donde puedes ser tú
Para mí este es uno de los motivos principales.
Mis negocios son mi casa.
Paso muchas horas en ellos y quiero sentirme cómodo.
La atención al público nunca ha sido mi fuerte y mi tolerancia hacia las injusticias o los comportamientos tóxicos disminuye con los años.
No pretendo llevarme bien con todo el mundo ni convertir cada cliente en un amigo, aunque algunos lo acaban siendo.
Solo espero no tener que aguantar gilipolleces en mi propia casa.
Por eso me posiciono.
Dormir tranquilo
Ganar dinero está bien.
Es necesario y a mí me gusta.
Pero hacerlo a cualquier precio acabaría consumiéndome.
No podemos cambiar el mundo entero, pero sí podemos intentar que nuestra pequeña parcela funcione con cierta coherencia.
Y eso, para mí, vale mucho.
Diferenciación real
En negocios físicos posicionarse no es habitual.
Tu alcance suele limitarse al barrio y hablar de política puede hacer que pierdas clientes potenciales.
Pero también ocurre algo interesante:
te diferencia.
En un mundo saturado de marcas, inputs y distracciones, tener valores claros es una forma de identidad.
No es una tendencia ni una campaña de marketing.
Es una forma de estar en el mundo.
Fuck marca blanca.
No existe una opción mejor que otra.
Solo estrategias más adecuadas para contextos y necesidades distintas.
No espero que todos los empresarios se posicionen.
Pero, en mi caso, sé que no me perdonaría no hacerlo.
HECHOS, NO (SOLO) PALABRAS
Todo lo anterior suena muy bonito sobre el papel.
Pero posicionarte no consiste en poner frases inspiradoras en Instagram.
Se demuestra cuando aparecen conflictos reales.
Estos son algunos de los momentos en los que WODS dejó claro que no era un espacio neutral.
DESCUENTO A POLICÍAS
Cuando abrimos WODS tomé una decisión sencilla.
No prohibiríamos entrar a nadie, pero tampoco ofreceríamos descuentos a policías ni cuerpos del Estado.
Puede parecer una tontería, pero en el mundo del fitness es habitual lo contrario.
Muchos gimnasios ofrecen descuentos especiales a policías, militares o bomberos.
No tengo nada contra que alguien lo haga pero yo decidí no hacerlo.
Un día vino un agente de paisano a informarse sobre el box.
Le expliqué precios, horarios y funcionamiento.
Entonces me preguntó si hacíamos descuento para policías. Le dije que no.
Insistió. Me dijo que si le daba un póster lo colgaría en la comisaría y podría traerme muchos clientes.
Le ofrecí el póster pero el precio seguía siendo el mismo.
A los pocos días recibimos una inspección. Oficialmente fue por quejas vecinales y problemas de licencia nunca supe si fue casualidad o no pero nos cerraron el negocio.
Y así estuvimos unas semanas, entrenando a escondidas con los pocos socios que teníamos y sin poder captar nuevos.
Si quieres conocer el desenlace te recomiendo el episodio 3 de CREMA BARBER TALK donde explico la anécdota al completo pero lo resumiré con esta frase de un compañero:

Volvimos a abrir el negocio y sigo sin hacerles descuento.
V DE VOTAR
En 2017 decidí posicionar públicamente WODS a favor del derecho a votar en el referéndum catalán.
Ni a favor del sí. Ni a favor del no.
A favor de votar.
Antes de hacerlo hablé con mi staff y mis padres. Sus opiniones variaban pero siempre recibí su apoyo aunque algunos preferían que no lo hiciera ya que tenían miedo de que afectara al box y perdiéramos socias.
Para tener otro punto de vista pedí opinión a dos personas nacionalistas españolas anti-referéndum de mi entorno.
Uno era un socio de entonces con el que tenía cierta confianza y buen rollo. Se opuso totalmente, incluso se sintió ofendido y me pidió que no lo hiciera. Meses después por este y otros motivos, se acabó dando de baja.
El otro era uno de mis mejores amigos, con más de 20 años de relación. Me dio todos sus argumentos en contra del referéndum y los riesgos de posicionarse explícitamente desde WODS pero al final me dijo que hiciera lo que yo quisiera, que sabía que si no hacía lo que sentía no podría dormir tranquilo. Hiciera lo que hiciera, él me apoyaría.
Amistad en mayúsculas.
Con ese último empujón, sabiendo que pocos me conocen mejor que mi amigo, decidí colgar en la entrada un gran cartel que hicimos con la cara de V de Vendetta y la frase V de Votar. Además pasamos un comunicado en redes y entre los socios a favor del referéndum y en contra de la futura represión que íbamos a sufrir por parte de los antidisturbios.
Y el 21 de Septiembre de 2017 publicamos lo siguiente en nuestras redes:

Entre nuestros socios hubo mucho apoyo.
En redes, algunas críticas.
Pero esa noche dormí con la conciencia tranquilísima.
Y entendí algo importante: cuando te posicionas, no lo haces para gustar, sino para poder dormir tranquilo.
El 1 de Octubre supuso un punto de inflexión para WODS, desde entonces el posicionamiento sería explicito y un pilar fundamental del proyecto.
ESTIMA COM VULGUIS
A veces el activismo no tiene que ver con grandes debates políticos sino con cuidar a las personas que tienes delante.
Nunca me habían gustado los box de Crossfit adornados con banderas (algo habitual), especialmente con la yankee y la española. Pero, aunque una parte de mí tenía ganas de colgar la bandera antifa, no me decidí hasta que se me ocurrió colgar otra por un motivo distinto: la arcoíris pro colectivo lgtbi+
Una persona muy importante dentro de WODS estaba pasando por un momento complicado.
Había conocido a una chica y estaba empezando a cuestionarse su orientación sexual.
Le preocupaba la reacción de su familia.
Para nosotros nunca fue un problema.
De forma simbólica y como apoyo emocional decidí colgar una arcoíris con el lema:
Estima com vulguis.
Con el tiempo esa frase evoluciono y se convirtió en una camiseta del box:
Estima a qui vulguis, entrena amb qui estimis.
No es una campaña de marketing.
Es simplemente recordar que este espacio también es un lugar seguro.
MODA ÉTICA
Otro ejemplo fue nuestra colaboración con el Sindicato de Manteros de Barcelona (Top Manta).
Su proyecto busca algo tan simple como difícil:
fabricar ropa ética y sostenible dando empleo legal a migrantes africanos.
Estuvimos colaborando con ellos durante varios años realizando todo el merchan de WODS y CREMA y el resultado fue enriquecedor, educativo y poco lucrativo a la vez.
Con la globalización y precarización extrema del sector de la moda y nuestra falta de sensibilidad, acostumbrados a comprar prendas fast fashion por 4€, asumir los costes de una camiseta fabricada aquí, con un sueldo digno para los trabajadores, con todo lo que conlleva, es muy complejo.
En la mayoría de colecciones que hicimos acabamos perdiendo dinero. Y no es por que el precio fuera alto ni los márgenes desorbitados, ni mucho menos, sino por la percepción errónea de la sociedad de los costes reales de las cosas, especialmente bajo unas condiciones justas.
Después de varias tiradas perdiendo dinero y viendo que, a pesar de la intención que había detrás de la ropa (apoyar el proyecto solidario del sindicato) muchas personas se quejaban del precio de las camisetas y sudaderas, decidí compartir con mi comunidad la factura del último pedido.
No a modo de reprimenda ni queja sino desde una intención didáctica.
Finalmente decidí aparcar nuestra colaboración y a pesar de que mantengo el contacto con el sindicato y puntualmente les compro o encargo alguna prenda, ya no hacemos el merch con ellos.
Hay batallas que no puedo ni estoy dispuesto a luchar y la de la moda ética es una de ellas. Al menos de momento.
Aun así, fue una experiencia que nos enseñó mucho sobre el verdadero coste de las
cosas.
Y LA LISTA SIGUE
Estos no son los únicos momentos donde WODS ha tomado posición.
Con el tiempo hemos hecho muchas otras cosas, como por ejemplo:
- intentar lanzar una Liga Antifa de baloncesto (que acabó censurada por el ayuntamiento).
- negarnos a pedir el pasaporte covid en el box.
- colgar una bandera palestina durante la ofensiva israelí en Gaza y recibir hate en redes por ello.
- organizar eventos solidarios como los 365 Burpees.
- hacer recolectas de comida, juguetes o ropa habitualmente.
- colaborar con entidades como Open Arms.
- Crear nuestro decálogo de “qué queremos, qué creemos” inspirado en los Black Panthers.
- Y crear clases para todos los colectivos: personas con diversidad funcional, con movilidad reducida, para peques, adolescentes, para personas mayores y clases de lucha exclusivas para mujeres.
Nada de esto era obligatorio.
Pero todas estas decisiones, pequeñas o grandes, tienen un efecto curioso.
La gente empieza a sentir el proyecto como algo suyo.
Deja de ser un comercio y se convierte en comunidad.
Tanto, que a veces esa conexión llega a extremos inesperados: casi una veintena de personas se han tatuado el logo de WODS en la piel durante estos años, varios de ellos incluso, policías ;)
No sé si eso es marketing.
Pero desde luego es algo mucho más profundo.
ES ALGO PERSONAL+
Hay pelis que recuerdas por lo que significaron en su momento para ti o por que las vinculas con un momento o suceso de tu vida.
De otras en cambio solo recuerdas fragmentos.
Y en mi adolescencia se me tatuó una escena de una película random que jamás pondría en mi lista de películas top: Tienes un email de Meg Ryan y Tom Hanks.
En ella Meg Ryan regenta una pequeña librería infantil heredada de su familia. Un negocio de barrio y proximidad.
El personaje de Tom Hanks abre justo enfrente una enorme megatienda de libros perteneciente a la cadena de su familia.
Precios más bajos, más recursos, más poder. Y poco a poco la pequeña librería empieza a asfixiarse.
En un momento de la película, él intenta restarle importancia a lo que está pasando y le dice:
“No es nada personal. Solo son negocios.”
Pero ella responde algo que siempre se me quedó grabado.
No hay nada más personal que tu negocio.
Y con el tiempo entendí exactamente a qué se refería.
Cuando montas un proyecto propio no estás vendiendo solo un producto o un servicio.
Estás poniendo tu tiempo, tu historia y tus valores en juego.
Por eso mis proyectos no son neutrales.
No porque crea que todo el mundo deba posicionarse. Ni porque piense que hacerlo te convierte en mejor persona.
Sino porque, en mi caso, no sabría hacerlo de otra manera.
Posicionarme me ha costado clientes, problemas y algún que otro dolor de cabeza.
Pero también me ha dado algo mucho más valioso: una comunidad que siente el proyecto como algo suyo, un espacio donde puedo ser coherente y la tranquilidad de dormir con la conciencia en paz.
Nunca es solo negocio.
Es personal.
Y si algún día dejo de poder hacerlo así, me haré funcionario.
